viernes, 8 de octubre de 2010

Aventura sobre dos ruedas

Tras disfrutar día y medio en el hotelazo, decidimos dedicar una jornada a alquilar una moto y salir a recorrer la isla.

A pocos metros del hotel encontramos un "garito" que te hacen la colada (baratísimo, ya que en el hotel es un robo), te alquilan motos, venden coca colas, aguas y lo que quieras. Así que ahi hemos ido a primera hora de la mañana, tras un amplísimo desayuno, con nuestra bolsa de ropa sucia y hemos alquilado nuestra moto. Una scooter, de 135 cm3, pequeña, pero suficiente para los dos. Ya con nuestra moto, cascos y plano, salimos en busca de unas cascadas bonitas que hay para visitar.

Hasta hoy no entendía muy bien por qué todos los motoristas llevan mascarilla, me parecía algo exagerado, pero en poco tiempo he podido entenderlo tras tragar polvo, olores y chocarse con mi cara todo tipo de insectos, mariposas, libélulas y yo que sé qué más ...

Tras muchos días en este país de locos, ya había podido observar cómo funcionan las reglas no escritas de cómo conducir una moto. La única regla que hay, es que no hay ninguna regla, hay que ir por donde se pueda y estar atento a todo.

La moto funciona perfectamente y lo primero que hacemos es llenar el depósito hasta arriba para evitar sustos. ¿y a ver cómo le digo yo ahora al de la "gasolinera" que me llene el depósito y con qué gasolina (el que nos la alquiló dijo que no importaba, que los gasolineros saben) si el tipo no habla inglés?. Pues bueno, entre gestos y 4 palabras en inglés nos lo llena con la gasolina correcta y nos cobra. Rumbo a las cascadas.

Tras veinte minutos esquivando coches, motos, carretas, vacas, niños, abuelos, agujeros y yo que sé que más conseguimos llegar a las cascadas. Paseo por el bosque (yo más bien diría selva) siguiendo el curso del río con sus cascadas, fosas naturales, etc. Muy bonito, pero acabamos con la camiseta absolutamente calada del sudor. Me era facil imaginarme a los americanos en la guerra pasando por sitios así.

Tras una reponedora Coca-Cola, cogemos nuestra moto y nos vamos hacia el norte en busca de unas playas solitarias y de arena blanca. Continuamos por la carretera, hasta que ésta se acaba y se combierte en pista, hasta que ésta se acaba y se convierte en camino de cabras, hasta que éste se acaba y se convierte en barrizal. Pasando algunos puentes de madera que era mejor no analizarnos demasiado. Ahorá ya sabía por qué están tan solitarias estas playas.

Llega un punto en el camino que no lo vemos claro y decidimos dar media vuelta, ya no nos veíamos capaces de meter la moto por ahí. Por lo que cambiamos nuestro destino a otras playas a medio camino que también son similares. A estas horas el "culo" ya nos dolía bastante, pero sabíamos que estábamos cerca de la playa, pero no había forma de llegar. No estábamos en mitad de la nada, atravesamos mil pueblos, donde los niños nos saludan y los mayores se ríen.

Por fín, tras algún intento fallido llegamos a un sitio, donde podemos dejar la moto a unos 30 metros de la playa y acercarnos andando. Resulta que había una playa de arena blanca de varios kilómetros, donde había un pequeño restaurante y nada más. Decidimos tomar algo en el restaurante, primero una coca cola y al enseñarnos la carta nos aventuramos a pedir un arroz salteado con gambas, con el miedo de a ver a qué sabía y qué nos ponían. Pues bien, puedo aseguraros que ha sido la mejor comida vietnamita que hemos probado en todo el viaje. Estaba buenísimo.

Aunque en la playa y restaurante no habría más de 10 personas, nos encontramos con unos españoles y una francesa que había vivido 10 años en Barcelona. Impresionante !!!

Tras comer el maravilloso arroz, nos bañamos en la playa con el agua a 31 º. Volvemos a nuestra moto y ponemos rumbo a nuestro "civilizado" hotel, dejando atras los barrizales, caminos de cabras, pistas, vacas, gallinas, patos, niños, perros y todo tipo de "cosas" por la carretera.

Llegando ya al hotel, en el pueblo, vemos un local con la bandera de submarinismo y el logo de PADI, así que paramos, nos informamos, y reservamos un par de inmersiones para mañana sábado.

Con el culo destrozado y polvo por todo el cuerpo, llegamos a nuestro elegante hotel para tirarnos a la piscina y a la tumbona con un libro hasta que decidimos ir a darnos un masaje vietnamita que nos ha dejado como nuevos. Tras el masaje, una cenita sobre la playa tranquilitos y ahora a descansar, que mañana toca bucear.

Besos a todos

1 comentario:

  1. Aquí sigo enganchada a Pekín Express para ver si os veo por alguna esquina
    Aunque mañana ya vais para Camboya, no??

    Seguid pasándolo genial!!

    Besos

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